







|
Relatos
UN DOMINGO ABURRIDO:
Estaba aburrida. Era domingo por la tarde y no me apetecía ira ningún lado. En la televisión no ponían nada que me interesara; menos, algo que diera morbo. Decidí que lo mejor era dedicar el tiempo a mi misma. Me di un buen baño y me relajé. Vi que necesitaba pintarme las uñas de los pies. No me gusta hacerme la pedicura; prefiero que me la hagan. Inmediatamente pensé en Cristian. Me le imaginé en casa, con su mujer, viendo el partido en la tele. El chocho se me hizo agua al pensar en joderle la tarde. No lo pensé dos veces. Llamé a su casa. Se puso su mujer. Yo sabía lo que tenía que decir. "Soy Maite, la secretaria de señor Aleksander. Mi jefe quiere hablar con él." Unos segundos después, Cristian se puso al teléfono. Le noté tenso, como siempre que hablaba delante de su mujer. Sonreí.
-Quiero que vengas, i-n-m-e-d-i-a-t-a-m-e-n-t-e.
Colgué. Miré mi reloj. En veinte minutos tenía que estar en casa. Me tumbé en el sofá y me acaricié el clítoris disfrutando de la tarde-noche que me esperaba. Diecinueve minutos después oí el ascensor. Dejé el sofá, fui a la puerta y abrí. La dejé entornada y volví al diván. Oí como Cristian entraba y cerraba la puerta. Luego, oí sus pasos por el pasillo. Apareció en el umbral de la sala.
-Te tengo dicho que no me llames a ca...
Le interrumpí, muy tranquila.
-Cállate. Ven aquí y arrodíllate.
Me miró. Estaba desnuda a excepción de una pequeña toalla alrededor de mi cintura. Miró mis piernas y mis pies. Tragó saliva. Cambió su expresión de enfado por otra de sumisión. Se arrodilló a mis pies. Me los miraba con deseo.
-Bésame los pies.
No tarde un segundo en acariciar mis pies, con los labios. Luego, la planta. Sin lamer. Sólo pasando sus labios secos por ellas. Restregué su cara con mis plantas. Había aprendido a obedecerme a la perfección y sabía los pasos que me gustaba hacer. Cuando me pareció que debía cambiar el tercio, lo ordené:
-Los dedos. Lame y chupa.
Besó uno a uno todos los dedos. Luego los lamió, en las junturas, despacio, disfrutando con ello de la manera que siempre lo hacía, y trabajando de la forma que a mí me gustaba más y que le había enseñado. Luego, los chupó. Uno por uno. Despacio. Metiéndoselos en la boca lentamente, con delectación. Acariciándo luego las yemas con la lengua, de forma que cada lametada era un masaje microscópico y todos esos pequeños masajes formaban un masaje total absolutamente delicioso para mí, relajante, reparador. Cerré los ojos. Casi entre sueños sentía cómo ahora, mi dedo pequeño del pie izquierdo se introducía en la boca de Cristian, como lo llenaba con su saliva antes de secarlo con sus labios y de pasar su lengua por toda la extensión del dedo. Era fantástico. Gemí de placer. No de un placer como el orgasmo, no. Eso ya vendrá luego. Era un placer sereno, el placer de notar mis pies lamidos con el de la entrega de aquel hombre que estaba a mis pies, para el que una orden mía, simplemente una orden, a cualquier hora del día o de la noche, era lo más importante del mundo. Vivía para obedecerme.
Después de una hora de masaje lingual, le ordeno pintarme las uñas de los pies. Lo hizo poco a poco, con dedicación, como si cada uña fuera una obra de arte que había que tratar con el máximo cuidado. Parecía un pintor en lo más alto de su creación artística. Estaba como en trance. Me dormí a la tercera uña. Fue un sueño corto, una hora y diez minutos, que me hizo descansar más que si hubiera dormido veinte horas. Me desperté con él lamiendo las plantas de mis pies y susurrando, como si no quisiera sobresaltarme, "ya he terminado, Ama."
Y entonces le dí su premio. Pase mis pies, con las uñas recién pintadas, por todo su cuerpo. Por su pecho, sus tetillas, su tripa, su espalda, le pisé los pies, las manos, la polla. La tenía a punto de reventar. Pero me apetecía seguirle jodiendo. Así que le ordené proporcionarme un orgasmo lamiéndome el clítoris y me corrí, luego le ordené volver a casa sin desahogarse...
EL DINERO ME EXCITA:
El Dinero es un increíble estimulante sexual, y sin duda uno de mis fetiches favoritos. Las criaturas sumisas necesitan dar, ser útiles, servir, privarse, en favor de su Mistress. Eso les llena, completa sus vidas porque saben que pertenecen a la mujer de sus sueños, inalcanzable, caprichosa, egoísta y tremendamente perversa. Es una satisfacción emocional sin precedentes, que anula la sensación de pérdida y soledad. Muchos esclavos tienen pareja, familia, actividades lúdicas y laborales, pero sus vidas están emocionalmente incompletas hasta que la Dómina de sus más ocultas fantasías se hace carnal.
La esclavitud es un capricho muy caro: más cuesta, más es apreciado y vital… y yo soy vida. Por eso la esclavitud financiera y la dominación del dinero es un tipo de sumisión de Élite, que pocos se pueden permitir, y una de las prácticas de dominación que prefiero. Me excita saber que te privas a mi beneficio… y es un impulso, una respuesta a la prepotente necesidad que sientes de complacerme y expresar tu adoración hacia mí.
Conozco, siento tu necesidad imperiosa de servirme. Y sé que esa necesidad irá creciendo y creciendo hasta hacerse acuciante. Mi poder, inteligencia, superioridad y belleza te obligan a obedecerme, tu propia necesidad ha sido la que te ha arrojado a mis pies… Tu excitación crece solo leyendo mis palabras, siente tu corazón latir cada vez más rápido ¿ves? NO puedes resistirte, es un HECHO. Sigue tu impulso, y abandónate a mis pies, para que te use hasta límites que ni sospechas, RUÉGAME para que te permita homenajearme con un tributo o un regalo.
Esta es mi realidad, esclavo, la única que importa desde ahora en adelante: abusaré de ti, físicamente, mentalmente y económicamente, y me adorarás por eso. Renunciarás a todo lo tuyo para que yo no te niegue mis favores, y eso porque soy la realidad de tu sumisión. Me servirás con devoción y satisfarás cada capricho que tenga. Aún así, nunca estarás seguro de obtener mi atención. Incluso puede ser que llegue el día en que no te necesite, que me canse de ti, y te olvide en un rincón, como quien olvida una muñeca vieja. Pero en el caso de que llegara ese día, tú te sentirás lleno de felicidad por haberme servido, y con la honda sensación de haber satisfecho a la diosa de tus sueños.
El Tributo es mi manera de ejercer poder y control. Adoro manipular mis esclavos, verlos retorcerse de deseo, mientras yo me niego y me alejo, que me rueguen acepte su tributo… Me excita sobremanera que se humillen para que les permita su ofrenda… Cuando decida por fin cuál será tu suerte, habrá dos finales bien distintos: uno culminará con tu dolor en saber que ni siquiera tu dinero me interesa, y la otra con tu júbilo, porque habré aceptado tu ofrenda. En ambos casos, habré gozado con tu sufrimiento.
La esclavitud financiera NO es un pago a cambio de algo. Se trata de la necesidad de complacer a tu Ama, a la poseedora de tu voluntad. Es devoción, adoración, deseo de servir y adorar a una diosa, y de hacer mi vida fácil. Es tu necesidad de que YO sea complacida en todos y cada uno de mis caprichos, y sabes que en parte lo haces por ti…
|